Tenía "mono" de pintar un mural bonito y ¡al fin ha llegado el momento! Los murales son una manera original y económica de ambientar una sala, sin muebles ni figuras que ocupen espacio, dejando así el paso libre.
La pieza de la que partía es un espejo de forja que laqué en blanco, y como el rincón de esta habitación estaba un poco soso, le sacamos partido pintando un maniquí y unos bonitos marcos estilo vintage.
El collar y la flor que cubren el busto le dan relieve al conjunto. ¡Me encanta cómo ha quedado! Tengo que decir que la idea la pillé del blog La nieta de Core, de mi querida amiga Susana, una maestra de la decoración low-cost.
Por cierto, aprovecho para enseñaros un cuadro de maletas que pinté hace unos años y al que por fin le he encontrado la ubicación adecuada.
¿Qué os parece?